Película escrita y dirigida por Jane Schoenbrun (I Saw the TV Glow). Se estrenó en cines tanto dentro de los Estados Unidos como en México los pasados 7 y 13 de agosto; recaudando hasta la fecha 1.5 millones de dólares en taquilla a nivel mundial.
Sinopsis:
Una directora que se encuentra trabajando en una secuela de un antiguo slasher se obsesiona con el poder contar con la “final girl” original de la franquicia, llevando a ambas mujeres a un caos psicológico y sexual.
Comentarios generales:
Uno puede darse cuenta cuando una película será divisiva, sobre todo si resulta evidente que tiene los elementos para lograr que se le clasifique en ciertos círculos con la ridícula etiqueta de “terror elevado”. Por ello es que Teenage Sex and Death at Camp Miasma era una de las películas que más curiosidad me generaba en esta segunda mitad del año debido a que era claro que su apuesta iba dirigida hacía ese camino y honestamente tiene todo para conseguir dicha meta, a pesar de que me ha parecido un producto mediano.
Ya que lo traído por Schoenbrun es al mismo tiempo un slasher, una comedia y una rara historia romántica que trata de exponer la relación que se puede llegar a tener con películas que se consideradan de poca calidad o con aspectos cuestionables bajo los estándares actuales. Lo cual de inicio realmente se maneja de una manera eficiente por medio de esta franquicia ficticia (Camp Miasma) con la que la directora homenajea a varios slasher de los 80s e integra una dosis de humor que funciona dado a que sabe cómo representar las obsesiones de los fans con todo lo que esté involucrado a su película favorita de la infancia, pero sin ridiculizarlos bajo el propósito de sentirse superior.
Lo malo es que una vez pasados los primeros 35/40 minutos las cosas decaen conforme la relación entre Kris y Billy lleva a una serie de sucesos con los que la fluidez se empieza a ver perjudicada ante los constantes saltos que se dan entre géneros mientras se busca mantener un humor que ahora si no es tan efectivo. Obligando a que lo relacionado con la secuela quede un tanto relegado por algunos lapsos mientras se trata de establecer la propia naturaleza de ambas protagonistas, quienes evidentemente reflejan una atracción mutua para que el elemento sexual se encuentre presente; sin embargo, todo lo que rodea sus interacciones carece de la sustancia suficiente como para que dicho vínculo sea más interesante que el propio elemento slasher.
Dejando así una parte final rara en la que la mezcla entre la realidad y la ficción se lleva al extremo para que el asesino tenga cierto protagonismo y con ello exista nuevamente el tono exagerado por medio de algunas muertes que no tienen mucho sentido. Situación que le da intensidad al desenlace, pero no evita que este resulte demasiado absurdo en lo que propone.
En el tema de las actuaciones es donde tiene su principal fortaleza debido a que Gillian Anderson (Billy) y Hannah Einbinder (Kris) son quienes evitan que película se descarrile por completo gracias a la gran química y la tensión sexual que muestran en pantalla. Mientras que el grupo de secundarios tiene algunos rostros conocidos cuya aparición es poco relevante.
Y en cuanto a la producción, sin duda podemos ver una factura sólida: el trabajo de fotografía es bueno, la dirección de arte está bien cuidada, el score no está mal, el trabajo de sonido no tiene fallos, los efectos son de buena calidad y la labor de maquillaje discreta.
Opinión final: Teenage Sex and Death at Camp Miasma está pasable. Película con algunos chispazos que generará opiniones divididas.
Ojometro:
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