sábado, 14 de enero de 2017

Crítica: Pitchfork (2017)

Debut tras la cámara del director Glenn Douglas Packard, quien además comparte créditos como co-escritor del guión junto a Darryl F. Gariglio. Se estrenó por medio de iTunes y VOD dentro de los Estados Unidos este 13 de enero, aunque todavía no hay información sobre si saldrá en formato físico.

Sinopsis:

Después de revelar su homosexualidad, Hunter viaja junto con un grupo de amigos desde Nueva York a la granja de su familia para pasar un fin de semana. Ya estando ahí, la situación con su padre se torna tensa, pero ese será el menor de sus problemas cuando empiecen a ser perseguidos por un perturbado asesino.



Comentarios generales:

Como lo he comentado con anterioridad, si hay un subgénero ideal para entrar al mundo del terror es sin duda el slasher debido a que su fórmula ha demostrado ser resistente al paso de los años y su estructura simple es una que cualquiera puede explotar. Obviamente eso es benéfico, pero también resulta como el caldo de cultivo ideal para que cientos de propuestas (con todo tipo de presupuestos) salgan año con año buscando crear al nuevo Jason Voorhees bajo la idea que con un asesino visualmente llamativo es más que suficiente para lograrlo, lo cual es un error y Pitchfork es el ejemplo perfecto de esto.

Ya que Douglas Packard desde el primer instante demuestra que su verdadera meta es la creación de un asesino icónico a como dé lugar y se olvida de todo el resto de los elementos necesarios para que su historia logre ser, por lo menos, divertida. Cometiendo el grave error de no darnos siquiera un tipo de origen y sustentando los primeros 35/40 minutos en cosas tan absurdas que difícilmente podrán obtener el interés del espectador, lo cual va desde un conflicto familiar con poco peso hasta un cuasi tributo a Footloose cuyo único objetivo es establecer a un grupo de personajes estereotipados con los que difícilmente se logra generar cierta empatía, a pesar de que si cuentan con motivos para hacerlo.

Sin embargo, una vez que inicia la masacre esos motivos quedan en el olvido para darle paso a la masacre que le proporciona un ritmo mucho más dinámico a la acciones, aunque nada de lo demás es precisamente una maravilla. Las muertes son en su mayoría bastante genéricas  y en general todo lo que tiene que ver con el asesino persiguiendo a las víctimas es muy desangelado: hay gritos sí, pero nunca sientes la tensión que deberías considerando que prácticamente todo el segundo acto consta de ver a estos jóvenes correr o pelear por sus vidas ante alguien prácticamente invencible. Quien además parece tener una habilidad de teletransportación porque llega muy rápido a todos lados, desafiando así la lógica de ciertas acciones.

La parte final es absurda por donde se le vea. Si explican de manera muy vaga los motivos por los cuales Pitchfork es así pero, en lugar de profundizar un poco más sobre esto, el director mejor opta irse por el camino de lo  grotesco y en presentar una serie de decisiones o comportamientos extraños que solo te dejan más dudas.

Las actuaciones son malas, algunas resultan muy exageradas y otras simplemente son intrascendentes como para poder lograr que estos personajes genéricos te importen. Sobre la producción si puedo decir que está bien para ser un trabajo independiente: el trabajo de fotografía es efectivo, la dirección de arte aceptable, el score no es nada del otro mundo, el trabajo de sonido tiene deficiencias, los efectos son muy simples y la labor de maquillaje cumple en su objetivo principal.

Opinión final: Pitchfork es un desastre. Ejemplo perfecto de cuando se pretende crear un asesino icónico, pero se olvidan de todo lo demás.

Ojometro:
**

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