martes, 16 de enero de 2018

Crítica: What We Become (2016)

Producción danesa escrita y dirigida por Bo Mikkelsen, la cual significó su primer largometraje. Se estrenó en cines dentro de Dinamarca en el 2016 y posteriormente ese mismo año llegó a diversos mercados vía VOD y formato físico.

Sinopsis:

Una familia es puesta en cuarentena dentro de su propio hogar gracias a un peligroso virus que se ha propagado por todo el pueblo y se verán forzados a lo más extremo para tratar de escapar con vida tanto de los militares como de la gente infectada.





Comentarios generales:

Mi caso con What We Become es uno peculiar debido a que se trata de una película de la cual tenía planeado escribir desde 2016; sin embargo, después de diversos problemas con envíos la deje pasar y no fue sino hasta ahora que volvió entrar en mi radar. Lo cual fue algo bueno porque gracias a esto pude notar de manera mucho más clara lo tremendamente influyente que se volvió una serie como The Walking Dead, la cual para la época en que se filmó esta película se encontraba en su tope de popularidad y que sin duda es la fuente de inspiración de este trabajo.

Esto porque Mikkelsen opta claramente por contar una historia en donde, si bien los zombies son un peligro, en realidad son los demás seres humanos quienes representan el mayor riesgo ante una situación que no saben controlar y en donde de la noche a la mañana ellos son quienes pueden sacar su lado más oscuro para no dejar que el virus los alcance. Un aspecto que hace que la película en general se realice bajo un ritmo lento, en especial durante un primer acto que se centra justamente en como inició la epidemia y en mostrar la relación existente entre esta familia que no es precisamente la mejor como para lidiar con un problema externo de tal magnitud debido a que no cuentan con la suficiente confianza entre ellos.

Volviendo así interesante el desarrollo gracias a que cada personaje tiene que deducir qué es lo está ocurriendo a su manera; sin embargo, con el pasar de los minutos esto va resultando insuficiente gracias a las pocas explicaciones brindadas (todas ofrecidas por la TV) y porque en general no pasa demasiado en pantalla. Una situación que obliga al creador a introducir una historia de amor adolescente con el afán de tener más contenido, la cual ciertamente agrega tensión entre los familiares pero que se siente totalmente fuera de lugar y básicamente lo único que logra es que la aparición de los zombies se dosifique mucho más.

La parte final es indudablemente la más intensa de la película gracias a que por fin dejan que los zombies tengan una presencia importante y con ello la sangre empiece a fluir sin que esto se vuelva un gorefest. Además logran añadir un nivel de drama elevado que ayuda a que el desenlace sea desgarrador y, en cierta medida, desesperanzador.

Sobre los actores la verdad no conozco a ninguno, pero todas las actuaciones son bastante sólidas al lograr su objetivo de sentir empatía por cada personaje ante la situación que experimentan. La producción es discreta: el trabajo de fotografía cumple, la dirección de arte es algo genérica, el score me agradó, el trabajo de sonido es muy bueno, los efectos son simples y la labor de maquillaje básica, aunque bien hecha.

Opinión final: What We Become está ok. Una película con influencias muy marcadas sin grandes pretensiones.

Ojometro:
***

sábado, 13 de enero de 2018

Crítica: Escape from Cannibal Farm (2018)

Película escrita y dirigida por Charlie Steeds (Deadman Apocalypse). Se estrenó directamente en VOD dentro de los Estados Unidos el pasado 2 de enero, pero todavía no hay información sobre si saldrá en formato físico.

Sinopsis:

La familia Summer realiza un viaje a los campos británicos para dejar atrás tensiones del pasado. Sin embargo, dicho viaje se convertirá en una pesadilla cuando un vengativo granjero y su hijo deforme los secuestren en su granja donde la fuente principal de carne no son precisamente otros animales.




Comentarios generales:

The Texas Chainsaw Massacre es una de las películas más influyentes de todos los tiempos, así que no es raro ver año tras año trabajos que claramente sacaron su fuente de inspiración del clásico de los 70s. Lo que si resulta raro es ver películas que traten de jugar un poco con la fórmula de caníbales que esta popularizó, casi todas siguen un mismo patrón y solo unas cuantas tratan de hacer algo distinto, siendo Escape from Cannibal Farm parte de este segundo grupo; aunque con resultados muy poco favorables.

Resultados que en gran parte se deben a la poca experiencia del director y al presupuesto tan limitado, ya que uno de los propósitos iniciales de la película es generar shock inmediato al mostrar los orígenes de los asesinos pero esto se ve frustrado por la pobreza que hay al momento de construir dichas escenas; lo cual no solo genera una sensación inmediata de desencanto, sino que además deja en claro que el impacto visual que uno esperaría ver no se va dar. Situación que empeora cuando se da la introducción de la familia Summer por medio de un espectáculo lleno de diálogos pobres y comportamientos ridículos diseñados para reflejar las tensiones existentes entre los miembros, pero que solo deja parados a todos los personajes como unos verdaderos ineptos con los cuales resulta complicado el poder sentir el más mínimo grado de empatía.

Algo que termina siendo contraproducente porque para el segundo acto uno supuestamente tendría que sentir algo de pena por su situación, sin embargo, eso no ocurre y en general lo único que quieres es ver que cada uno de estos personajes detestables muera rápido. Un deseo que no se cumple porque obviamente esta historia tiene algo más de fondo que una simple matanza, aunque para nuestra mala suerte su desarrollo es bastante aburrido y lento; en donde el director quiere incluir tantas cosas al mismo tiempo que al final ninguna termina por encajar del todo ante la poca atención que les ponen, al grado de que incluso los (pocos) elementos de gore con los que cuenta pasan sin pena ni gloria.

Los últimos 25 minutos son caóticos, incluso algo absurdos, pero es donde se pretende darle un sello distintivo a todo esto al agregar un giro que afecta a todas las partes involucradas. Lo malo es que, ante el pobre trabajo de edición y la poca intensidad manejada, esta revelación queda como algo muy random que difícilmente hace que el desenlace centrado en la venganza tenga la fuerza necesaria para ser convincente.

Las actuaciones son una mezcla de algunas decentes con otras realmente malas; en especial por parte de la familia Summer se dan varias que son lamentables. La producción es lo que uno espera de una película con tan poco presupuesto: el trabajo de fotografía es descuidado, la dirección de arte es pobre, el score es probablemente lo mejor de la película, el trabajo de sonido no está mal, los efectos son ínfimos y la labor de maquillaje resulta muy arcaica.

Opinión final: Escape from Cannibal Farm es bastante mala. Una película con algunas ideas interesantes que simplemente no sabe presentarlas de manera efectiva.

Ojometro:
**

martes, 9 de enero de 2018

Crítica: Day of the Dead: Bloodline (2018)

Remake dirigido por Hèctor Hernández Vicens (El cadáver de Anna Fritz), cuyo guion fue co-escrito por Mark Tonderai y Lars Jacobson. Se estrenó en VOD dentro de los Estados Unidos el pasado 5 de enero, aunque no hay información sobre si saldrá en formato físico.

Sinopsis:

Un pequeño grupo de militares y sobrevivientes se refugian en un bunker bajo tierra mientras tratan de encontrar una cura en un mundo infestado de zombies.






Comentarios generales:

La trilogía original de Romero no ha estado exenta de remakes, Night contó con uno bastante respetable y Dawn tuvo uno que muchos consideran como de los mejores; sin embargo, Day no tuvo tanta suerte y le tocó tener uno que básicamente utilizó su nombre para ganar algo de relevancia. Es por ello que cuando salió  la noticia de que habría otro remake de dicha película no me sorprendió, era algo inevitable considerando lo malo que fue el previo, pero la verdad es que Day of the Dead: Bloodline tampoco mejoró mucho las cosas.

Esto porque, si bien este si se apega mucho más al material original, termina sufriendo del mismo problema que el del 2008 al tratar de añadir mucho más de su cosecha para contar una historia original que con el pasar de los minutos va perdiendo el rumbo. Algo que uno puede notar casi desde el inicio debido a que Hernández y compañía tratan de vendernos una película que en el papel pretende ser sumamente gore, pero que en realidad en el fondo es una historia con tintes mucho más ligeros en el que se trata de mezclar el tema de la cura para los zombies con un lió amoroso mientras, de vez en cuando, intentan recrear algunas pocas escenas del clásico de 1985 sin mucho éxito.

Lo cual hace que esta sea bastante aburrida de ver durante casi todo el tiempo, especialmente porque el poco énfasis que ponen en el conflicto entre el único científico (Zoey) y el ejército no lleva a nada; incluso tampoco logran construir esa atmósfera tensa que debería hacer sentir el potencial riesgo que representa esta lucha de egos. Situación que empeora cuando deciden sustentar casi todo el segundo acto en el tema del zombie con conciencia, algo que va en tono con la original, pero en este caso lo llevan a un extremo absurdo al no solo establecerlo como alguien mucho más listo que la mayoría de las personas en el bunker, sino que también todos los problemas que se generan con su presencia se sienten huecos y con el único propósito de generar algunas muertes que visualmente resulten llamativas.

La parte final tampoco tiene muchas cosas que destacar. Considerando lo ocurrido uno espera que por lo menos exista una masacre memorable, pero eso no se da; en cambio, lo que vemos es un desenlace sin grandes emociones que opta por el camino feliz.

Las actuaciones son pobres, Sophie Skelton (Zoe) como protagonista no te genera nada y Johnathon Schaech (Max) como zombie stalker por momentos me provocó más risas que otra cosa. La producción es discreta, pero tiene un par de cosas que cumplen: el trabajo de fotografía es aceptable, la dirección de arte es muy simple, el score no destaca, el trabajo de sonido tiene ciertos fallos, los efectos en su mayoría están bien hechos y la labor de maquillaje es por mucho lo que más resalta.

Opinión final: Day of the Dead: Bloodline es bastante mala. Un remake que en su afán de querer ser muy original termina siendo uno bastante aburrido.   

Ojometro:
**

viernes, 5 de enero de 2018

Crítica: Insidious: The Last Key (2018)

Cuarta entrega de la franquicia, ahora dirigida por Adam Robitel (The Taking of Deborah Logan) y cuyo guion fue nuevamente escrito por Leigh Whannell. Se estrenó en cines aquí en México el pasado 4 de enero e hizo lo propio dentro de los Estados Unidos y otros países el día 5.

Sinopsis:

La doctora Elise Rainier (Lin Shaye) y su equipo enfrentan al espíritu más temible con el que se hayan topado. Uno que llevará las cosas a un nivel mucho más personal por el lugar que habita: la casa en donde ella creció.





Comentarios generales:

Cuando todo indicaba que Chapter 3 sería el cierre definitivo de la franquicia a más de uno nos sorprendió el anuncio de que habría una cuarta entrega, no tanto porque fuera algo imposible, sino porque realmente parecía que no era necesario que Insidious tuviera una nueva película considerando lo que ya habían mostrado. Sin embargo, con The Last Key su creador nos demuestra que todavía quedaba espacio para contar algo importante dentro de este universo, a pesar de que eso signifique el tener que sacrificar ciertas cosas características para que funcione.

Esto principalmente se debe a que el centro de la historia es Elise, lo cual hace que la dinámica acostumbrada varié de cierta manera debido a Robitel y Whannell ahora tienen que lidiar con el hecho de que el personaje afectado es uno al que difícilmente se le puede colocar como una víctima indefensa y por lo consiguiente el uso de sustos, así como la construcción lenta de momentos de suspenso, se ve mucho más limitado. Provocando así un primer acto que se sustenta en mezclar eventos del pasado con el presente para que, por medio de la Elise niña, se pueda ir desarrollando un interesante caso que no solo va revelando la vida de nuestra protagonista, sino que también establece al demonio como uno mucho más complejo por medio de los sucesos de mayor tensión.

Situación que inmediatamente hace que el ritmo sea más pausado de lo acostumbrado debido a que la elaboración requiere un poco más de tiempo para ir juntando los puntos que liguen cada suceso de la infancia de Elise con lo que sucede en la casa. Brindándole así cierto toque detectivesco mucho mayor que funciona, pero que nunca termina por solidificarse gracias a un giro que cambia la dinámica al involucrar de manera más profunda a nuevos personajes que se sienten metidos con calzador para seguir explotando un tema familiar que, en general, hacen ver a lo ocurrido previamente como algo con poca relevancia (a pesar de que si tiene una explicación lógica) y que lo verdaderamente importante apenas está por venir.

La parte final logra su cometido al colocar cada pieza en su lugar para que no queden tantas dudas con respecto a la revoltosa línea de tiempo de la franquicia, aunque no tiene tanta fuerza como los anteriores. Evidentemente es un poco más emocional, pero en general la sensación de peligro nunca alcanza niveles tan elevados.

En las actuaciones este es el show de Lin Shaye, quien como en las entregas anteriores está estupenda y solo reafirma a su personaje como uno verdaderamente entrañable dentro del género. La producción no cambia demasiado con lo anteriormente visto, aunque hay ciertos aspectos que ahora no destacan tanto: el trabajo de fotografía mantiene su sello, la dirección de arte no presenta grandes cambios, el score en esta ocasión no resalta demasiado, el trabajo de sonido es impecable, los efectos siguen estando bien hechos y la labor de maquillaje cumple. 

Opinión final: The Last Key me gustó. Un cierre digno para una de las franquicias más estables del género de terror en la década actual.  

Ojometro:
****