martes, 11 de noviembre de 2014

Crítica: Mockingbird (2014)


Película escrita y dirigida por Bryan Bertino (The Strangers), quien hace su regreso después de seis años de ausencia. Se estrenó a inicios de octubre dentro de los Estados Unidos por medio de diversas plataformas digitales y posteriormente el día 21 salió en formato físico, aunque no se sabe si llegará a otros mercados.

Sinopsis:

Una pareja, una estudiante y un perdedor reciben tres cámaras con la instrucción de filmar todo lo que ocurre mientras les llegan más reglas que deben de seguir. Al inicio todo es diversión, pero con el transcurso de la noche comprenderán que se encuentran dentro de un aterrador juego del cual no pueden escapar.



Comentarios generales:

The Strangers fue una película que me gustó mucho en su momento y el saber que su director volvería después de todos estos años me generaba cierta emoción, esto a pesar de que Mockingbird llevaba en la congeladora un par de años (situación que por lo general no es buena señal). La premisa en el papel lucia atractiva como para poder brindar algo interesante que evocara un poco a su exitoso debut del 2008, pero definitivamente en esta ocasión no encontró el rumbo.

Ya que Bertino nos trae un found footage poco inspirador donde pretende mezclar algunos conceptos ya vistos hasta el cansancio por medio de una dinámica que en todo momento se siente obsoleta y sin imaginación, llena de situaciones que no llevan a ningún lado dentro de una historia de por si limitada. Presentando una introducción exageradamente larga dentro de una película que a duras penas alcanza los 75 minutos, la cual durante un gran porcentaje del tiempo te limita a ver a cuatro personajes que por alguna razón aceptan filmar todo por medio de cámaras viejas (esto se desarrolla a mediados de los 90s) sin la necesidad de cuestionar absolutamente nada a pesar de que es algo extraño; simplemente te dan tours por sus casas o se dedican a tener conversaciones poco interesantes que vuelven muy difícil el poder involucrarse de lleno con lo que ocurre en pantalla.

Una vez pasada esta introducción las cosas suben de intensidad ligeramente, aunque el problema radica en su presentación: la premisa del juego en si es interesante, pero no saben cómo mostrártela. Hay dos historias que son prácticamente idénticas en cuanto a ritmo y tono, mientras que la tercera, la del perdedor, adopta una postura mucho más “cómica” que termina provocando un desbalance notorio al momento de querer generar tensión; básicamente actúa como un ancla que le quita fuerza a las pocas situaciones de verdadero suspenso que logran construir y la vuelve sumamente aburrida.

El único punto positivo que le encontré fue la justificación para que se estuviera filmando en todo momento, lo cual resulta tan simple como deshabilitar el botón de encendido.

El final es muy predecible a partir de que comprendes la conexión de los eventos y eso le quita interés, además de que la “sorprendente” revelación termina sintiéndose sin ningún tipo de impacto ante lo genérica que es.

De las actuaciones hay poco que decir debido a que casi no hay material para hacerlo y los actores en realidad se limitan a los gritos comunes en esta clase de trabajos. La producción tampoco tiene mucho para resaltar: el trabajo de iluminación me pareció deficiente, el sonido está bien cuidado para que todo se pueda entender claramente, tiene un score estándar y carece prácticamente en su totalidad de efectos o maquillaje complejo.

Opinión final: Mockingbird es bastante pobre. Es una película más que olvidarán después de una o dos horas de haberla visto.

Ojometro:
**